Diario Olímpico
Jenny Ruiz
Es una oportunidad que se da una sola vez en la vida! La gente no puede comprender
la cantidad de trabajo que toma llegar a este nivel. Piensan que tu vida no
será la misma después de esto; que será tu momento definido.
Si solamente la gente viera compartir el Evangelio de ésta manera. En
vez de eso, esta es la manera como la gente ve a una persona olímpica.
Me encontraba en Costa Rica, compitiendo para un pasaje a Grecia en las olimpiadas
del torneo cualificado de CONCACAF, cuando Dios comenzó a mover mi corazón
hacia el campo misionero. A solas en mi habitación de hotel, Dios cambiaba
mis deseos ampliamente. Mis oraciones cambiaron de súplicas egoístas
a cualificar para las olimpiadas a rogar que su voluntad floreciera en mi vida.
Mientras interactuaba con jugadores competentes de otras naciones, empecé a
buscar oportunidades para compartir el amor de Dios. Parece que todo señalaba
hacia las misiones- este propósito de vivir recientemente descubierto.
Amaba la claridad y seguridad que Dios había puesto en mis pensamientos,
aunque todavía había una mezcla incierta de éxito mundial.
Para mi sorpresa cualifiqué para las Olimpiadas como miembro del equipo
Nacional Mexicano de balompié femenino. Lo tenía todo calculado,
haría el viaje que tenia asegurado a las olimpiadas de verano del 2004
a Atenas, Grecia y luego después de todo me prepararía para el
campo misionero.
De vuelta en la Universidad de Nevada en Las Vegas fui bombardeada con elogios.
Estaba saturada con las entrevistas de televisión y firmando autógrafos.
Mis propias compañeras de equipo querían mi autógrafo.
Ellos todos creían que yo era alguien, y yo empecé a pensar eso
también. Pero pronto fui humillada al recordar las palabras del Verdaderamente
Famoso. Galatas 6:14 dice: “Pero lejos esté de mí gloriarme,
sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo me es
crucificado a mí, y yo al mundo.”
Descubrí que el deseo de Dios para mi verano no eran las Olimpiadas,
me estaré preparando para ser misionera a tiempo completo a través
del viaje Wycliffe Discovery a Ghana.
Ellos querían una jugadora olímpica.
Dios quería una sierva.
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